Asociación para la rehabilitación
de las personas con enfermedad mental

Entidad dedicada a la mejora de calidad de vida
de personas con problemas de salud mental
17/09/2018

1 de cada 5

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Detección precoz y atención especializada, la clave para una buena salud mental en la infancia y la adolescencia

“Estoy aquí, quieta, encerrada en mí misma, aunque os oigo perfectamente a todos atacándome, juzgándome, burlándoos de mí... Nadie, absolutamente nadie ve el dolor que me atenaza, el terror que siento estando sola, no sé cómo pedir ayuda, qué hacer para que alguien alargue su mano para sacarme de este oscuro pozo donde estoy atrapada.” Marga


1 de cada 5 niños y adolescentes sufren de algún problema de salud mental. Carmen Alemany (2018) en su artículo “La enfermedad mental en niños y adolescentes”  apunta que para la familia de una persona menor afectada, el diagnóstico de trastorno mental supone un fuerte impacto emocional, por el miedo al posible proyecto vital del/ la joven, la pérdida de expectativas o sueños de los padres y la influencia del estigma social.

El día 10 de Octubre es el Día Mundial de Salud Mental. El tema principal de este año según la Federación Mundial de Salud Mental es "Jóvenes y su salud mental en el mundo cambiante". Los principales problemas de este colectivo son el bullying, traumas, intentos de suicidios y problemas mentales graves. Para poder cambiar esta realidad es necesario continuar y aumentar la prevención, aprender la resiliencia y sensibilizar a los y las jóvenes y toda la sociedad.

Por eso queremos compartir contigo la experiencia de la Marga, una persona que ha experimentado problemas de salud mental en su familia.

“Cuando mis padres supieron que iba a nacer, empezaron a hacer planes, pensar cómo sería tenerme en su vida, cuál sería mi recorrido en el mundo, qué metas conseguiría asumir, qué tipo de persona llegaría a ser. Exactamente igual que todos y cada uno de los padres que se enfrentan a la noticia de traer un hijo al mundo. Fui una niña feliz, un poco cabezota, inteligente, buena estudiante, dentro de la normalidad pero…

Llegó la adolescencia con los cambios hormonales, mal humor, descenso en el rendimiento académico, aislamiento, no fue nada fácil. Mi comportamiento empezó a ser poco correcto, mis compañeros empezaron a aislarme, no me pegaban ni insultaban, sencillamente me dejaban de lado. Los profesores estaban cansados de llamarme la atención y de que no respondiera como ellos esperaban. A mi alrededor muchos pensaban que era un caso perdido. En casa nadie entendía qué pasaba, me había convertido en una desconocida para las personas que me amaban. Intentaban llegar a mí, pero no, no era posible abrir un resquicio en la armadura que me encerraba. Yo quería gritar, gritar muy fuerte: “AYUDADME”, pero no me salía la voz, ahí estaba sola rodeada de una gran oscuridad, de un miedo que me paralizada y no me dejaba escapar. Pensaba tantas cosas, sentía tanto dolor… en algunos momentos llegué a creer que no le importaba a nadie, nadie era capaz de oír mi grito silencioso.

¿Qué sentido podía tener seguir aguantando el vacío, la soledad, las burlas, la nada? Finalmente, llegó el día en el que fui cargada con la etiqueta más dolorosa que se puede colocar a nadie, “la maleducada”, “la inadaptada”, “la loca”. A partir de ese momento, el aislamiento fue mayor, dejándome sola con mi sufrimiento. Mi familia estaba horrorizada al ver mi comportamiento, sin entender qué pasaba. Pero ellos no iban a rendirse, nunca lo harían, debía haber alguna forma de poder luchar por mi felicidad. Buscaron información, llamaron a todas las puertas que encontraron, muchas no sirvieron, otras dieron un pequeño soplo de esperanza… Ellos cambiaron para adaptarse a la realidad que nos tocaba vivir, los más próximos sufrían en primera persona el dolor de verme perdida y yo… yo vivía fuera del mundo sola en mitad de la nada, sin poder acercarme al resto, sin herramientas para poder ponerme en marcha y empezar a escalar la montaña que me llevaría a volver. Sola, con mi dolor, sola con el alma rota y las alas entumecidas, sin poder volar hacia mis sueños. 

Después de muchos, muchísimos meses, he podido romper la coraza que me atrapaba, he aprendido a confiar, a pedir ayuda a las personas que me aman y dejar partir a aquellas que me herían. Los proyectos que mis padres hacían para mí, se han convertido en uno sólo: que sea feliz, no importa si mi currículum académico es excelente o no, sólo es imprescindible que sea una buena persona y que pueda hacer lo que realmente me llene. Puedo bailar, soñar, escribir, cuidar flores, barrer la ciudad, compartir mi tiempo con los que están solos, puedo, puedo, puedo ser tan feliz como me merezco, como todos nos merecemos.

Sé que no soy la única que ha pasado por una experiencia como ésta, que el dolor del alma afecta a muchas más personas de las que creemos, pero falta sensibilidad para ver más allá de la apariencia, rascar la superficie para llegar al corazón de quien está roto por el dolor y sin armas para curarse por sí solo. Estar, sencillamente estar, al lado de quien sufre. Una etiqueta es sólo eso, una etiqueta, pero bajo ella se esconde una persona, una historia, una vida. No te quedes en la etiqueta, descubre a la persona.”

La prevención y sensibilización es el punto clave. Por eso, si eres professor, familiar o estàs interesada en conocer nuestros Servicios para jóvenes, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

 


KMK



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